​SER DIFERENTES PARTE II


Esta semana continuamos con el tema de ser diferentes, creo que Dios quiere dejar en nosotros bien clara la idea de un cambio de cultura, él está cansado de las prácticas religiosas que la gente hace con la inercia de una vida monótona. Él quiere una cultura diferente, con prácticas sean más genuinas y que se apeguen más a la Biblia. 

Esta es la segunda parte de ser diferentes. Esta semana continué leyendo el mismo libro que he estado leyendo y es el evangelio de Mateo y en capítulo 6 me encontré este versículo: No os hagáis, pues, semejantes a ellos. Y ese es el versículo 8. En esta frase de destacan cuestiones importantes como: Quien lo dijo, a quienes le dijo esas palabras y porqué las dijo. Para comenzar debemos saber que fue Jesús quien dijo esa frase y lo hizo en su discurso llamado “El Sermón del Monte”, segundo, se lo dijo a todos sus seguidores, en ese momento no se les llamaba aún cristianos, pero eso es lo que eran, porque seguían a Cristo y por último es la razón por la cual Jesús les dijo eso a sus seguidores, y lo hizo porque los líderes religiosos y sus seguidores habían empezado a hacer de sus “buenas obras” y de sus “prácticas religiosas” un beneficio propio. Y esto no dista mucho de lo que sucede hoy en día y por eso Jesús nos repite: No os hagáis, pues, semejantes a ellos. 

Cuando nos hacemos cristianos sucede un cambio en nuestras vidas, nuestra mente y corazón son renovados y dejamos de hacer cosas que antes hacíamos y empezamos a hacer cosas que nunca antes habíamos hecho. Jesús da tres ejemplos en este capítulo de las prácticas cristianas: hacer justicia, dar limosna y orar. Cuando estas prácticas se convierten en el centro de nuestra vida cristiana estamos mal, el centro de nuestra vida siempre tiene que ser Jesús. Todo lo que hagamos debe ser por él y para él. Jesús habla de dos desviaciones en nuestras prácticas: Para ser vistos por los hombres y para ser alabados por los hombres

Veamos dos aspectos importantes para nuestro cambio en cristo no se desvíe:

No busquemos ser VISTOS: el versículo 1 de ese capítulo Jesús habla sobre abstenerse de hacer la justicia para ser visto por los hombres y en el versículo 5 habla de “los caras de oración” que anda aparentando su espiritualidad pero en realidad son muy falsos. Nosotros somos muy dados a los aplausos, a las palmadas en la espalda, a las felicitaciones y todo eso, creo que a todos nos gustan. Jesús nos enseña que no es correcto hacer nuestra justicia. Jesús no nos está diciendo que no hagamos lo justo o lo que es bueno, él nos dice que no lo hagamos para ser vistos por la gente. Todo lo bueno que hagamos y no sea para dar gloria a Dios está mal hecho. Para ser visto por los hombres. Que nos importe lo que Dios piense de nosotros, y no los hombres. Ante la gente podemos ser buenas personas y tener esa falsa apariencia y hasta podemos convencer a la gente que somos buenos pero Dios conoce nuestro interior y sabe que lo hacemos sólo para que nos vean.

Debemos empezar a cambiar esa cultura evangélica de cuidar nuestro testimonio para los hombres antes que para Dios.

No busquemos ser ALABADOS: Alabar significa: Decir cosas favorables de una persona o de un cosa, resaltando sus cualidades o méritos. A todos nos gusta que nos digan las cosas buenas que hacemos y que resalten nuestras buenas cualidades. Y yo pienso que no es malo, creo que es prácticamente normal. El punto es que cuando las cosas buenas que hacemos no son genuinas y lo hacemos para que nos admiren, ese es el problema. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. Dios no comparte su gloria con nadie, esta es una frase que ya me está gustando decir y es porque es una verdad. Dios es el único ser digno de alabanza. 

Debemos empezar a cambiar esa cultura evangélica de buscar la aprobación de los hombres antes que la de Dios.

Jesús es claro. Debemos ser diferentes. Seamos buenos, ayudemos a los demás, colaboremos con la gente, tratemos bien a los que nos rodean, respetemos, amemos a nuestros familiares pero que sea genuino, oremos por nuestros amigos y familiares en nuestra casa pero que todo eso sea real, que no sea sólo para que nos vean y nos alaben. Jesús les llama hipócritas dos veces en esa sección de su discurso y eso es lo que somos cuando aparentamos lo que no somos. La iglesia tiene que cambiar.

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