LA MEJOR PREDICACIÓN


Nunca me dió un Estudio Bíblico sobre el matrimonio, nunca me aconsejo sobre como ser o no ser como esposo, nunca me predicó un bosquejo profundo de “la pareja según la voluntad de Dios”, tampoco pasó tiempo enseñándome acerca de la paciencia, el honor, la lealtad hacia una mujer, él nunca hizo nada de eso. El hombre a quien yo llamo papá es mi abuelo, un hombre muy correcto, muy sencillo, muy estudioso de la Biblia, muy trabajador y muy paciente. Él ahora es un anciano de pelo blanco desgastado y agotado, y con casi 80 años vividos lo veo atender a su esposa enferma, lo veo prepararle la comida, lo veo ayudarle a comer y a tomar sus medicinas. Lo veo y digo: así quiero ser yo.

Y es que me doy cuenta que todos aprendemos más de los ejemplos que de las muchas palabras. Ahora soy joven como mi abuelo una vez lo fue, mi esposa es hermosa y llena de vida pero algún día, si Dios no ha venido por su iglesia, seremos un par de ancianos quizás enfermos y débiles, y entonces quiero recordar la mejor predicación que mi abuelo me pudo dar, su ejemplo.

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